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El amor al prójimo tiene su base en nuestra purificación.
Nuestra purificación tiene como motivación el amor fraternal sincero, y como su medio la obediencia a la verdad.

No puedo hablar de amar a mi prójimo con un corazón puro, a menos que sea un beneficiario de la purificación que la verdad de Dios causa en mí.
No puedo hablar de amar a mi prójimo con un corazón puro, a menos que, por la gracia de Dios, haya en mí una disposición a quitar el pecado que me impide hacerlo.