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No había en esos días un rey para el pueblo de Dios. Cuando la figura de autoridad no estuvo presente, ellos comenzaron a hacer conforme a su propio criterio, conforme a lo que ellos les agradaba.

Algo muy similar a esto es lo que ocurre en la iglesia en nuestros tiempos, no porque carezcamos de autoridad, pues tenemos la Palabra de Dios, sino porque no queremos verla. Debido a esto la tendencia es a hacer lo que nos parece bien, no lo que Dios ha dicho, a enfocarnos en qué quiere la gente, no en qué quiere Dios, en complacer a las masas, no en darles lo que Dios tiene para ellas.

IGLESIA, existimos para ser el cuerpo de Cristo, para dar a conocer las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable, y para ello, Dios nos ha equipado con Su Palabra, en la cual nos revela cuál es el tipo de adoración (y por ende adoradores) que Él busca. No haciendo lo que a nosotros nos parece bien, sino aquello que Él ha expresado que Le parece bien, que Le es agradable.